Según un reciente y fiable estudio de una revista de ciencia australiana, el 85% de los cangrejos ermitaños aceptaría cambiar la concha en la que vive por una lata de CocaCola si con ello fuese percibido por los demás peces como una nécora o un centollo.
Hola, eres Spam.
domingo, 22 de agosto de 2010
martes, 10 de agosto de 2010
Madres divinas
En algún post anterior ya había comentado mi especial relación con el barrio de Salamanca, el lugar más feliz de la Tierra después de Disneyworld. Cuando trabajaba allí llegué a desarrollar una teoría según la cual este es un barrio creado por y para esposas que se aburren, lo que explica el alto índice de gimnasios y tiendas de estética, nutrición y decoración que copan las esquinas más exclusivas de sus principales calles.
Uno de los fenómenos que más me llamaba, y me sigue llamando, la atención era el revuelo que se montaba en la puerta de los colegios cuando madres de estética MILF salían del gimnasio para recoger a sus niños después de clase. Revuelo que se volvía doloroso cuando alguna supermamá sobreprotectora se acercaba, luciendo plástico, a recoger a su hijo preadolescente.
La empatía no es mi fuerte, pero juraría haber visto expresiones de desconcierto y rubor en los rostros de esos hijos al ver a sus madres vestidas como la Sporty Spice, haciéndose las enrolladas mientras les llamaban a gritos desde el otro lado del paso de cebra.
Buenas tardes, señor psiquiatra.
Uno de los fenómenos que más me llamaba, y me sigue llamando, la atención era el revuelo que se montaba en la puerta de los colegios cuando madres de estética MILF salían del gimnasio para recoger a sus niños después de clase. Revuelo que se volvía doloroso cuando alguna supermamá sobreprotectora se acercaba, luciendo plástico, a recoger a su hijo preadolescente.
La empatía no es mi fuerte, pero juraría haber visto expresiones de desconcierto y rubor en los rostros de esos hijos al ver a sus madres vestidas como la Sporty Spice, haciéndose las enrolladas mientras les llamaban a gritos desde el otro lado del paso de cebra.
Buenas tardes, señor psiquiatra.
jueves, 29 de julio de 2010
Festivales de verano
Como no soporto las aglomeraciones no soy muy fan de festivales. De hecho, una visita veraniga a estos eventos me causaría más bien ansiedad y ataques de pánico. Pero entiendo y acepto que haya mucha gente para la que esta sea la experiencia más importante del verano.
Lo que se me hace más difícil de entender es a las personas que, con dos semanas de vacaciones, se tiran tres días en un macrofestival y la semana siguiente readaptando su cuerpo y su mente a la vida normal. Y es que entre el síndrome de Stendhal y el ciegazo de empalme a veces el cuerpo se resiente.
La ciencia me da la razón: recientes estudios científicos demostraron que tres días de alcohol, speed, MDMA y esa cosa rosa que le compraste a un punki el sábado por la noche no son sintetizados bien por el organismo si no duermes, al menos, 9 horas al día. Un alto precio que pagar para recordar a los tres primeros grupos de cada jornada y reinterpretar el resto de la velada a través de las fotos de tu móvil y las crónicas de la Mondosonoro.
Tiene que ser duro ser un grupo como Oasis y que nadie esté seguro de llegar a haberte visto en directo.
Lo que se me hace más difícil de entender es a las personas que, con dos semanas de vacaciones, se tiran tres días en un macrofestival y la semana siguiente readaptando su cuerpo y su mente a la vida normal. Y es que entre el síndrome de Stendhal y el ciegazo de empalme a veces el cuerpo se resiente.
La ciencia me da la razón: recientes estudios científicos demostraron que tres días de alcohol, speed, MDMA y esa cosa rosa que le compraste a un punki el sábado por la noche no son sintetizados bien por el organismo si no duermes, al menos, 9 horas al día. Un alto precio que pagar para recordar a los tres primeros grupos de cada jornada y reinterpretar el resto de la velada a través de las fotos de tu móvil y las crónicas de la Mondosonoro.
Tiene que ser duro ser un grupo como Oasis y que nadie esté seguro de llegar a haberte visto en directo.
domingo, 25 de julio de 2010
La chavalada en Colón #1
Nunca he sentido una especial admiración por los adolescentes, con sus intrigas y sus silencios, y sus brazos y piernas tan largos. Pero si alguna vez volviera a los 14 años desearía ser uno de esos chavales con bicicletas bmx y longboards, que parecen los reyes del mundo, contando sus hazañas tirados en la hierba de la plaza de Colón.
En algún punto entre Kids, Skins y The Warriors, etiquetas como skater, punk, emo o rapero confluyen en, simplemente, mutante.
miércoles, 14 de julio de 2010
El problema de la Roja #1
Al contrario que tanta gente de este país, me siento incapaz de participar de la euforia colectiva que estos días tiñe de rojo las calles y que proclama a los cuatro vientos el orgullo patrio. Por supuesto, he seguido con interés el juego de la selección los últimos meses, pero a la hora de mostrar mi alegría por el buen juego de los chicos, un vistazo a través de la ventana ha frenado mis ansias de expresarlo.
Hay quién me ha dicho que no siento los colores de la Roja. Y es que si tiramos de cromatismo no me queda más remedio que aceptarlo: la equipación nacional apesta.
Y de verdad que lo siento, pero la nuestra es la peor combinación de colores posible, un horror estético que sonrojaría al propio Fernand Léger. No sienta bien a casi ningún tono de piel y no combina con nada que tengas en el ropero. Es muy difícil no parecer un domador o una majorette enfundado en una camiseta de la selección, y si tu problema es el sobrepeso ten por seguro que cada pulgada de tu perímetro reclamará con orgullo su posición bajo la tela.
Seremos los reyes del mundo, los más campechanos y los que mejor se lo pasan, pero en el mundial de los colores me temo que, esta vez, somos el farolillo rojo.
Patriota, quizás; pero ¿a qué precio?
Hay quién me ha dicho que no siento los colores de la Roja. Y es que si tiramos de cromatismo no me queda más remedio que aceptarlo: la equipación nacional apesta.
Y de verdad que lo siento, pero la nuestra es la peor combinación de colores posible, un horror estético que sonrojaría al propio Fernand Léger. No sienta bien a casi ningún tono de piel y no combina con nada que tengas en el ropero. Es muy difícil no parecer un domador o una majorette enfundado en una camiseta de la selección, y si tu problema es el sobrepeso ten por seguro que cada pulgada de tu perímetro reclamará con orgullo su posición bajo la tela.
Seremos los reyes del mundo, los más campechanos y los que mejor se lo pasan, pero en el mundial de los colores me temo que, esta vez, somos el farolillo rojo.
lunes, 5 de julio de 2010
Piscinas de Lago
Tengo una teoría que dice que acudir a una piscina municipal es una de las cosas más estresantes que existen. Aún así, alguna vez olvido esto y me dejo caer por alguna. La de Lago es la más over the top.
Básicamente, el recinto está dividido en dos secciones con sendas piscinas. La de abajo es un bol de cereales, un maelstrom de michelines resbaladizos y morenos, en ebullición al ritmo de politonos y estribillos bailables. Alrededor de sus aguas, familia y diversión recobran su significado más primigenio.
La piscina de arriba es una especie de Valhalla gay repleto de abdominales y pectorales de color naranja. En ella exhibes tu cuerpo, exhibes tu toalla, exhibes tu móvil, exhibes el libro que lees (¡con la portada siempre hacia afuera!), exhibes tu bañador ajustado como un pulpo a una roca.
Yo en una piscina soy un tío fuera de sitio que refunfuña y mira a todos lados porque siente que está perdiendo el tiempo y no sabe qué hacer. Me jode especialmente comprobar que alguna gente ha nacido para pasar su vida en piscinas. Todos ellos parecen bastente felices.
En un futuro cercano las guerras se empezarán a causa de móviles reproduciendo música en piscinas.
Básicamente, el recinto está dividido en dos secciones con sendas piscinas. La de abajo es un bol de cereales, un maelstrom de michelines resbaladizos y morenos, en ebullición al ritmo de politonos y estribillos bailables. Alrededor de sus aguas, familia y diversión recobran su significado más primigenio.
La piscina de arriba es una especie de Valhalla gay repleto de abdominales y pectorales de color naranja. En ella exhibes tu cuerpo, exhibes tu toalla, exhibes tu móvil, exhibes el libro que lees (¡con la portada siempre hacia afuera!), exhibes tu bañador ajustado como un pulpo a una roca.
Yo en una piscina soy un tío fuera de sitio que refunfuña y mira a todos lados porque siente que está perdiendo el tiempo y no sabe qué hacer. Me jode especialmente comprobar que alguna gente ha nacido para pasar su vida en piscinas. Todos ellos parecen bastente felices.
En un futuro cercano las guerras se empezarán a causa de móviles reproduciendo música en piscinas.
viernes, 25 de junio de 2010
Gente antimorbo #2
En el puesto número uno del ranking de las frases más vomitivas que hacen referencia al sexo tenemos una impostura que se ha perpetuado en el tiempo para que nerdos que ponen caras extrañas puedan procrear sin tener que hacer méritos para ello.
La frase en sí es una analogía estúpida basada en la forma del instrumento que prefieren obviar, por razones evidentes, los saxofonistas, los gaiteiros, los flautistas y los trompetistas.
Al margen, claro está, dejaremos el machismo prehistórico, empalagoso y binguero que rezuma esta maravilla del saber popular.
Traducida al castellano moderno, esta expresión viene a querer decir: "Estos dedos entrenados tocaran tus puntos adecuados, les aplicarán un ligero vibrato y si veo que me cuesta pues te pongo una cejilla y bajo por el mástil".
La frase en sí es una analogía estúpida basada en la forma del instrumento que prefieren obviar, por razones evidentes, los saxofonistas, los gaiteiros, los flautistas y los trompetistas.
Al margen, claro está, dejaremos el machismo prehistórico, empalagoso y binguero que rezuma esta maravilla del saber popular.
Traducida al castellano moderno, esta expresión viene a querer decir: "Estos dedos entrenados tocaran tus puntos adecuados, les aplicarán un ligero vibrato y si veo que me cuesta pues te pongo una cejilla y bajo por el mástil".
Para nuestro infortunio, las guitarras nunca dicen "no".
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